martes, 18 de mayo de 2010

Té Helado.



Escrito hoy, el día: 18/05/10

El calor del fuego le quemaba la piel a pesar de estar a medio metro de él. Pegado a la chimenea mirando las llamas agotarse y desfallecer con el paso de los minutos, él miraba el color rojo anaranjado sin apenas parpadear a la espera de algo, o alguien. La otra chica, la del cabello negro, lo miraba con cansancio, como si estuviese agotada de verle sentado allí sin moverse.
Él miró el té ya helado que reposaba a su lado y se dio cuenta de que estaba atardeciendo, y así, como todos los días, salió al jardín repleto de un manto blanco a mirar como el Sol se escondía tras las alejadas montañas. De nuevo sintió ese calor que el fuego le proporcionaba y admitió, siempre para sí mismo, que le encantaba permanecer junto a él gracias a esa cálida caricia que le hacia recordarla a ella. A su amor, a su vida, a la razón por la que vivió eternamente.
Su cara estaba repleta de arrugas extremadamente visibles para sus nietos, una sonrisa triste que le invadía todos y cada uno de los días del año, una sonrisa blanca y bonita para alguien tan mayor y cansado.
Él le prometió a ella jamás olvidarla, jamás perdería en el olvido el olor de su colonia dulce y agradable. Nunca, nunca dejaría de pensar en ella como el ángel de su vida. Y hoy, 7 de Noviembre, dieciocho años después de la muerte de ese ángel. Él decidió, por fin, decir adiós a su familia e irse con ella eternamente. Como debió y debe ser.
La chica del pelo negro recoge ahora la mesa delantera de la chimenea y se da cuenta de que la taza de té helado sin tocar no se encuentra donde debería estar. Entonces sonríe sincera y decide ir a ver a su abuelo. A decirle adiós, a despedirse de alguien que valió tanto. Sube las escaleras de caracol tan costosas de subir para él, avanza con miedo y nerviosismo hasta la habitación del anciano, llama con un suave Toc, Toc y como siempre, no se escucha respuesta. Es entonces cuando decide entrar. Está todo a oscuras, no se ve absolutamente nada al penetrar en el cuarto, pero conforme entra la silueta acostada del anciano se hace más y más visible para su vista.
Acostado en su enorme cama durmiendo placidamente, con una mano puesta en dirección a ella. Se acercó más a él y pude comprobar que, como se esperaba, su abuelo no respiraba. Tenía el rostro bañado en lágrimas y eso le hizo agarrarle las manos fuertemente.
-Adiós, abuelo. – Se despidió ella antes de salir por la puerta para no volver a entrar.
Pero lo que nadie sabe es que su abuelo sonrió en sueños, porque la mano que estaba estirada en la cama de matrimonio, era la mano que cogía al ángel de su vida.


Creía necesario colgar este texto. Me gusta, y es raro que un texto mío lo haga. Actualizo debido a que la anterior subida fue pésima.
Hoy me gustaría decir, que este texto va dedicado a El ángel de mi vida. Porque siempre me haces entender, sonreír y afrontar todo como debe ser.

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