Escrito el: 08. 05. 10
La rosa roja, perfecta y viva, continuaba tirada en el banco debajo de aquel árbol grande y verde. La rosa seguía en el lugar donde la habían dejado, ella permanecía a la espera de que alguien la recogiese y la llevara consigo. A simple vista era una rosa cualquiera, a simple vista, no despertaba sorpresa en ninguna persona que pasaba, pero, hasta una simple y pequeña flor puede encerrar una gran historia.
Una historia que nos embarcaba a ambos, a los dos, casi sin precederlo.

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