Edulcorada Historieta del Silencio Interrumpido
Los pasos resonaban en el suelo mojado componiendo una melodía constante. Dos figuras avanzaban con cierta parsimonia una junto a la otra, permanecían en silencio, no porque no hubiera que decir, sino porque las palabras que luchaban por expandirse eran rápidamente bloqueadas por aquello que llaman cobardía. La humedad y el frío impregnaban el ambiente, el mar se hacía el inocente y la lluvia caía con mayor intensidad conforme avanzaban hacía el viejo faro. Realmente he llegado a dudar si notaban sus caras empapadas por la lluvia, si se daban cuenta de que la humedad se había instalado en sus huesos, desde luego era imposible que no sintieran que su labio inferior temblaba, aunque claro está, no puedo estar segura si en verdad se trataba de frío. Andaban sin decir una palabra, de vez en cuando uno de los dos lo intentaba, pero cuando parecía que el sonido iba a viajar por el aire, una voz interior, la conciencia, los obligaba a esperar a un momento que ni siquiera ella sabía cuando sucedería. Habían cambiado, pero seguían teniendo el brillo en la mirada, ese que solo les pertenece a los que mantienen la esperanza de ver algún día cumplido aquello que anhelan, ese pequeño resplandor que nace con nosotros, aquel que tanto cuesta prolongar en la mirada. Siempre algo acaba por eclipsar la luz, acaba desapareciendo entre lágrimas. Perdieron el aliento, habían llegado a lo más alto del acantilado, no había más camino que el de vuelta y la idea de volver con la civilización no les resultaba del todo atractiva. Se quedaron ahí parados, con la mirada perdida en el mar, en las estrellas o quién sabe qué, quizás ni siquiera en este mundo. La cara de él parecía pensativa, aunque ella fijándose en sus ojos descubrió que en realidad tenía la mente en blanco. Se sintió observado y optó por volver la cara sin esperar encontrar tan cerca la de ella. Por un instante pudo ver sus ojos marrones miel, brillantes y cálidos, sus labios temblando a causa del frío y su tez blanca como la luna, e incapaz de nada, lo único que hizo fue cubrirla con su abrigo. Ella sonrió agradecida y acto seguido fingió abstraerse en el mar para que él no notara el leve rubor de sus mejillas. Ninguno de los dos encontraba dentro de sí mismos una excusa con la que engañarse respecto al silencio, el primero en decidirse a romperlo fue él.
- ¿Qué te parece?.-
Ella tardó unos segundos en responder.
- No sé qué decir.-
- Solo di lo primero que se te venga a la mente.-
- Singular.-
- ¿Singular?.-
- Tú me has dicho que diga lo primero que se me venga a la mente, y lo primero ha sido singular.-
- No dije que no me valiera.-
- Por si acaso.-
- ¿No te sientes pequeña?.-
- Siempre.-
- No me refiero a eso, me refiero a… ¿No te sientes insignificante?.-
- La verdad es que impresiona, me crea complejo de inferioridad.-
- A mí también.-
- Estaba ahí cuando vinimos y estará cuando nos vayamos.-
- ¿Importará algo nuestra existencia?.-
Ella lo miró y por una vez, segura de algo en aquel día dijo:
- Siempre que alguien te quiera.-
- Entonces tu existencia importa, créeme.-

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